21 Agos 2010 - 05:34:18
EL BARBERO Y EL CORONEL, Ana María Machado
Reseña.
El coronel del pueblo, un hombre autoritario y déspota visita al barbero luego de un largo tiempo de no hacerlo. Esta visita genera una pequeña discusión entre ambos personajes con relación al tiempo que el coronel lleva sin cortarse el cabello, por lo cual, este muy molesto le pide al barbero que le diga cuantos cabellos tiene en la cabeza. Ante esta imposible tarea, el barbero recurre a preguntar a varios animales, cada uno de los cuales a su vez le piden que le solucione una pregunta antes de poder ayudarle con su dilema: ¿Quieres saber cuántos pelos hay en la cabeza del coronel? – dijo el ratón. Yo te lo digo,si me dices cuantas hojas hay en los arboles del bosque. Ya en el bosque, una mariposa dijo ayudarle si le decía cuántos granos de arena hay en la playa del mar. Al llegar a la playa un cangrejo dijo ayudarle si le decía cuántas son las gotas de agua de una laguna próxima… lo mismo ocurre con otros animales, hasta que llega la noche y finalmente una lechuza dice ayudarle si primero le contestaba cuantos pensamientos era capaz de pensar, con lo cual el barbero tiene una muy buena idea y soluciona el problema de una manera inteligente, sin recurrir a la trampa ni al engaño.
Esta es una obra para primeros lectores donde con un estilo informal, Ana María Machado desarrolla una historia fantástica, con retahíla, contada en primera persona, de manera cronológica,clara y precisa, que sumerge a los lectores en un mundo mágico y que les deja una valiosa enseñanza: Confiar en sí mismo, esta es la clave del éxito de las pequeñas cosas. La historia será más significativa para los niños si el docente despierta la curiosidad antes de la lectura mediante actividades lúdicas,ayudado con las coloridas ilustraciones del libro, que sea su ejemplo por medio de una buena entonación y ritmo lector que los contagie por leer esta corta pero significativa historia la cual alimenta la imaginación y contagia pasión por la lectura.
Gina Paola Sánchez Leaño.
El barbero y el coronel
Érase una vez una ciudad pequeñita, con pocas calles, algunas casas y una plaza. En medio de la plaza, había un templete y una fuente. Alrededor dela plaza estaba situada la alcaldía y la escuela, la farmacia y la iglesia. Alfondo de la farmacia queda la barbería.Y en ella se hallaba el barbero, que mucho nos interesa. No para que nos afeitela barba, pues nuestra historia no es esa. Sino para vivr la aventura que muy pronto ya empieza.
Como era el único barbero en el lugar, nadie podía escoger otro. Ni siquiera quien no gustaba de el. Nisiquiera el coronel, acostumbrado a mandar y desmandar en todo el mundo. A gritar y vociferar, a golpear, a mandar castigar. Y muchos decían que también estaba acostumbrado a mandar matar. A mansalva y a traición. Y andaba siempre con sus matones a sueldo. Que eran un montón. En verdad, el coronel no era precisamente coronel. Era un hacendado poderoso, de esos bien mandones. Pero quería que todos dijeran que era coronel y todos lo decían. Hasta el barbero.
-Buenos días, coronel. Cuanto tiempo hacia que el señor no aparecía… Y el coronel se apresuró a responder, con ánimo de pelear: ¿está queriendo decir que no cuido de mi apariencia? ¿Qué estoy barbudo? ¿Bigotudo? ¿Peludo? ¿Talvez hasta piojoso? ¿Quién le da derecho a hablarme así, señor quisquilloso?Para no tener que discutir, el barbero de hizo el que no oía. Mas pensó que, si de el dependiera, solo para gente amiga trabajaría. Y continúo su tarea con el aire tranquilo de cada día. Mas como el coronel siguió diciendo impertinencias,el barbero quiso ver si clamaba los ánimos y dijo: -tranquilícese, coronel. Deje las cosas por mi cuenta y yo le arreglo el cabello como es debido. Yo conozco mi oficio… Eso solo sirvió para que el coronel, que estaba como loco ese día, se exaltara haciendo escándalo. –Piensa que sabe todo acerca de mi cabello, ¿eh? Pues se va a arrepentir, le voy a hacer una pregunta y, si no sabe responder, va a tener que entenderse conmigo. Jamás se olvidara del terrible castigo. Y pregunto: ¿Cuántos cabellos hay en mi cabeza? El barbero rió y respondió: ¿Es solo eso? Pensé que el coronel iba a hacer una pregunta difícil. Sin embargo, solo quiero saber una cosa: ¿Quién y cómo verificara que estoy diciendo la verdad? Cuesta mucho trabajo contar todos los cabellos, uno por uno, aun mas con ese pelo tan corto… El coronel se sintió confundido.En eso no había pensado. El barbero propuso: Y como hoy yo ya estaba acabando,le hago una sugerencia. De aquí a un mes, cuando el cabello este mas crecido y sea más fácil de contar, el señor vuelve de nuevo. Entonces invitamos al juez, al alcalde, al maestro, al cura, al farmaceuta y al comisario y todos podrán ver si he acertado o me he equivocado. Lo que el barbero quería era ganar tiempo, pensar en qué hacer. No tenía la menor idea de cómo salir de aquel apuro. Y después de que el coronel en buena hora se fue, el barbero quedo sumido en la mayor aflicción, casi llorando.
En ese instante, un ratoncito que vivía en una cueva, en un rinconcito de la barbería le dijo: ¿quieres saber cuántos cabellos hay en la cabeza del coronel Alcalá? Yo te lo digo, si me dices cuantas hojas hay en los árboles del bosque que se ve allá. Y el barbero se fue al bosque. Contó, contó, contó hasta que se cansó. Ya iba a desistir , cuando vio a una mariposa y así le pregunto: Para yo saber cuantos cabellos en la cabeza del coronel hay y así mi vida poder salvar , quiero saber cuantas hojas en los arboles del bosque hay. Y la mariposa le respondió: Yo te lo digo, si me dices cuantos son los granos de arena de la playa junto al mar. El barbero se fue a la playa. Contó, contó, contó hasta que se cansó. Ya iba a desistir cuando vio a un cangrejo y así le pregunto: Para yo saber cuántas hojas en los arboles del bosque hay, y así saber cuántos cabellos en la cabeza del coronel hay, y así mi vida salvar ¿Cuántos son los granos de arena de la playa junto al mar? Y el cangrejo respondió: Yo te lo digo, si me dices cuantas son las gotas de agua de la laguna que se ve allá…El barbero se fue a la laguna. Contó, contó, contó hasta que se cansó. Ya iba a desistir, cuando vio a un sapo, y así le pregunto: - Para yo saber cuántos granos de arena hay en la playa del mar, y así saber cuántas hojas en los arboles del bosque hay, y así saber cuántos cabellos en la cabeza del coronel hay, y así mi vida poder salvar, ¿Cuántas son las gotas de agua de la laguna que se ve allá? Y el sapo le respondió: Yo te lo digo, si me dices cuantas son las estrellas del cielo en una noche sin luz lunar. El barbero esperó la noche. Contó, contó,hasta que se cansó. Ya iba a desistir, cuando vio a una lechuza, y así le pregunto:- Para yo saber cuántos granos de arena existen en la playa del mar, y así saber cuántas hojas en los arboles del bosque hay, y así saber cuántos cabellos en la cabeza del coronel hay, y así mi vida poder salvar, ¿Cuántas son las estrellas del cielo en una noche sin luz lunar? Y la lechuza respondió: Yo te lo digo si me dices cuantos son los pensamientos que eres capaz de pensar. Y el barbero comenzó a pensar. Pensamientos, ideas, sueños y recuerdos. Esas cosas que no acaban jamás en la cabeza se cualquier persona, sea hombre o mujer, viejo o niño. Y nunca acababa de contar. Más le sirvió para que una buena idea le llegara:- Ni la lechuza, ni el cangrejo, ni el sapo, ni la mariposa,ni el ratón, ningún animal me va a enseñar lo que yo mismo tengo que idear.
Y firme en su propósito regreso a casa sin saber cuántas son las estrellas del cielo en una noche sin luz lunar,ni cuantas son las gotas de agua en la laguna de allá, ni cuántos son los granos de arena en la playa junto al mar, ni cuantas hojas en los arboles del bosque hay. Pero sabiendo muy bien cómo se iba a salvar. Y cuando el día llego,el barbero no se incomodó. En la sala de espera de la barbería, dispuso numerosas sillas. Para todos los matones a sueldo, y también para los invitados. Desde el alcalde hasta el comisario, desde el maestro hasta el juez, además del cura y el farmaceuta. Todos con su familia: mujeres, hijos, nietos, sobrinos. Una verdadera multitud, que ni cabía en el salón. Mandó servir cafecito, pasteles y palomitas de maíz a manos llenas. Y después anunció: - Ahora, en la sala del fondo, con champú voy a trabajar. A hacer espuma, a lavar y los cabellos del coronel voy muy bien a peinar. Después volvemos aquí, para que cada uno pueda contar. No demoraron mucho. Veinte minutos y estaban listos. Mas cuando de allí salieron, no se creerá lo que vieron: el barbero satisfecho sonreía, y un calvo avergonzado la ropa del coronel vestía. – Atención, señoras y señores – dijo el barbero- Quiero ahora informar cuantos cabellos en la cabeza del coronel hay. No como las hojas de los arboles ni como la arena del mar. No como el agua de la laguna, Ni como las estrellas sin luz lunar. Principalmente, no como lo que cada uno de nosotros es siempre capaz de pensar. En la cabeza del coronel, a quien tanto le gusta mandar, poca cosa existe dentro para poder conversar, y por el lado de fuera,ni un solo cabello hay. Y cuando vieron frente a ellos, con la cabeza bien rapada, al coronel sin valentía, soltaron todas las carcajadas. Y rieron juntos en una solo risa, que llego a todos los rincones, con una fuerza tan grande que asustó a los matones. Los matones se fueron y el coronel se fue detrás. Se alejaron de allí y no volvieron jamás. Por supuesto que el cabello volvió a crecer: lo que tiene raíz nace de nuevo. Pero al coronel nunca le volvió la fuerza para mandar. Porque todos siguieron viendo que la risa y el pensamiento al miedo nos hacen olvidar. Y la valentía surge hermosa como vida que sale del huevo.
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