Si bien a través de la historia del mundo, siempre han existido los niños, curiosamente durante muchos siglos no hubo literatura infantil los adultos no se preocuparon por la literatura infantil sino hasta mediados del siglo XVIII. En 1658 apareció en Europa apareció en Europa el primer libro dedicado especialmente a los niños Orbis Pictus (mundo pintado) y la intención de su autor era enseñar a los pequeños mediante imágenes y textos el mundo a su alrededor cambiando las severas y secas formas de educación del momento. Cuarenta años más tarde los niños del mundo tuvieron por primera vez un libro para ellos, pues hasta entonces solo recibían las historias contadas por adultos de generación en generación. En 1697 Charles Perrault publicó en Francia la que fue considerada la primera obra de literatura infantil, pues contaba con leyendas y tradiciones que recreaban de manera poética las vivencias del mundo europeo: Historias y Cuentos de Tiempos Pasados. Gracias a este hombre todas las generaciones de niños conocimos a Caperucita Roja, la Bella Durmiente, El Gato con Botas.
Esta nueva puesta literaria nos dio a conocer a los adultos que los niños tiene un universo diferente donde la imaginación y las aventuras increíbles son el centro de la atracción. Es por ello que en la actualidad muchos autores se han interesado por la escritura de literatura infantil y juvenil con la finalidad de que padres de familia e instituciones educativas las empleen para complementar los procesos de lectura y escritura.
Con estos antecedentes podemos hacer un analisis de la trascendencia que ha adquirido la palabra y el lenguaje como formas fundamentales de comunicación entre los seres humanos ayudándonos desde los primeros años a utilizarlos de manera precisa y bella a través de la literatura, pues ella introduce al niños en el conocimiento de lo estético, desarrollando además de manera ilimitada la imaginación para dar acceso a todo lo que existe, pero fundamentalmente a lo que no existe para concebir cualquier tipo de realidad por imposible que esta sea. Es así como la literatura trata de introducir al niño en el conocimiento del mundo físico y social para que capte lentamente pero en forma segura mediante sus lecturas diferentes clases de conceptos.
Es tarea de la escuela y en especial de los docentes encargados de la formación de los más pequeños crear el hábito de la lectura para que ellos despierten la necesidad de leer encontrando cosas interesantes y diferentes a las lecciones del día a día en las aulas de clases , conjugando situaciones didácticas y colectivas donde se promueva un intercambio constante con los docentes y los materiales de lectura, permitiendo concretar objetivos de enseñanza donde los niños participen como lectores y escritores enfrentándose con verdaderas experiencia de lecto escritura: Leer y escuchar leer, socializar historias, ver escribir a otros, representar con palabras sus apreciaciones de lo leído, planificar la producción escrita y revisarla. Esto ayuda a los niños a progresar como lectores de cuentos y otros textos, mientras se brindan espacios en el aula para poner en juego y trasformar las ideas acerca del sistema de escritura y el lenguaje que se escribe. Estos son los hilos conductores que promueven la autonomía, condición necesaria para que los niños se asuman como miembros de una comunidad de lectores y escritores.
Luego de una lectura asistida, interpretaciones encontradas y la elaboración de textos que realizamos en el Blog con base en las posturas planteadas por autores como Jorge Larrosa, para quien la lectura es una necesidad humana asociada no solo a las emociones sino además a los valores que podemos rescatar o trabajar a través de ella. Ana María Machado, quien en sus obras nos muestra las reflexiones que subyacen del docente como formador de lectores, el alumno, la sociedad y sus experiencias vividas desde la literatura. Daniel Pennac afirma: “La prudencia pedagógica debería representarnos al zoquete como el alumno más normal: el que justifica plenamente la función de profesor puesto que debemos enseñárselo todo, comenzando por la necesidad misma de aprender”[1] con esta cita Pennac nos invita a replantear nuestra posición como docentes y el papel que desempeñamos dentro del campo de la formación y el aprendizaje pues un verdadero maestro no es el que posee el saber absoluto sino el que lo construye con sus estudiantes. Ana Pelegrin nos enseña que para que el niño lea correctamente los docentes y padres de familia debemos ser ejemplo de lectura, ya que la lectura como arte necesita de la expresividad que podamos dar con nuestro cuerpo, aproximando al receptor al maravilloso mundo de las palabras.
Lo anterior se convierte en una provocativa invitación a cambiar nuestras posturas como formadores de lectores y escritores, con el fin de poner en marcha nuevas situaciones que logren despertar en los niños y en nosotros otras formas de apropiación de la literatura como herramienta trasformadora de realidades.
Para finalizar deseamos compartir una reflexión de Daniel Goldìn: “He visto niños que han crecido en libertad en cercanía de libros y por ellos. Esos niños distan de ser ratones de biblioteca, aunque las frecuentaban. Aprendiendo a ir de los libros a la vida fuera de ellos y de la vida a los libros. Así, encontraron libros que les parecieron mentirosos y otros que les hicieron descubrir en ellos mismos y en los otros cosas que de no haber sido por la lectura nunca habrían descubierto. Son niños que están formados no solo como lectores sino como habitantes del mundo. En el ejercicio de seleccionar y evaluar sus lecturas han aprendido a seleccionar y valorar experiencias, personas y objetos. A establecer criterios y a discutir sobre ellos.” [2]
[2] Maén Puerta de Perez. REFLEXIONES DE LA ENSEÑANAZA DE LA LITEARTURA ¿CORAZÓN O RAZÓN?. Educere, Octubre-Diciembre año/Vol4. Número 011. Universidad de los Andes. Mérida, Venezuela. Pp.165-170