Entradas populares

sábado, 20 de noviembre de 2010

Imaginar y crear

UN HINCHA DE CORAZÓN
Al verme allí parada, en un lugar tan imponente por su grandeza, con  su aire de recinto sagrado para los amantes del deporte, escuchando los cantos ensordecedores de tantas almas, sintiendo como cada uno de sus saltos es capaz de generar la sensación del  suelo moviéndose  bajo mis pies, observo  con detenimiento a mi alrededor como se alegran tantos rostros ante la inminente salida de ellos, los grandes, los ídolos del balón, ese grupo de once hombres que los hacen soñar con la gloria, con un primer lugar y con la tan anhelada copa del campeonato nacional.
Siento  como rápidamente mi cuerpo se contagia de tanta alegría, como se acelera el ritmo de los latidos de mi corazón al mirar el reloj que me indica que el  comienzo de los noventa minutos de juego ya está cerca.  La expectativa de  quienes escogerá el técnico para el juego, de cómo jugaran y del marcador final; me llenan de nerviosismo; así que decido sentarme, desconectarme por unos cuantos instantes del presente y  de inmediato llegan a mi mente los recuerdos de  como llegue por vez primera a este lugar, al templo del futbol, el estadio  Nemesio Camacho El Campin.
Es algo raro, ya que lo primero que recuerdo de este deporte es la total indiferencia que me producía desde niña.  Provengo de una familia poco o para ser sincera, ¡Nada, interesada en el futbol!  Mi padre  tan solo se resignaba a ver solo cada partido de su  Millonarios del alma, pues con tres mujeres como hijas,  interesadas en la música, el cine y las amigas, realmente ninguno de sus argumentos era lo suficientemente fuerte para hacer que nos sentáramos con él en la sala de la casa y compartiéramos su afición. Y  a pesar de encontrarme en  ocasiones sola, un domingo en la tarde sin nada interesante para hacer, tan solo me sentaba su lado a ver un partido, pero, la única sensación que esta clase de encuentros me producía era la misma que se  sienten  en la vida escolar,  cuando  un estudiante que regresa a clases de matemáticas luego de varios días sin asistir al colegio: Que el profesor habla en un idioma completamente extraño y que cada signo o número  escrito en el tablero  es un signo confuso y  desconocido.
Claro, que  yo, a diferencia del estudiante que al verse tan perdido  solicita a sus compañeros una explicación para comprender el nuevo idioma del profesor de matemáticas; prefería mantenerme al margen, mirar sin observar y oír sin escuchar. Si  algo pasaba por mi mente, era la pregunta: ¿Qué sentimiento es  ese,  que hace  que un hombre se olvide del mundo a su alrededor y vea  el partido de tal manera que pareciera  meterse en la pantalla y jugar  también?  . Así paso por muchos años el futbol en  mi vida, como algo exclusivo para los hombres y con nada llamativo que brindarme.
¡Millos, millos! …¡Millos, millos!, al escuchar este cántico, regreso la mirada  a  la cancha porque ya vienen, se acercan por el túnel los jugadores para saltar  al terreno del juego,  listos para el  comienzo de un clásico más, el GRAN PARTIDO,  un encuentro tal vez mas importante que la misma final de la copa Postobón. ¡Y qué partido!, los dos equipos representativos  de la capital.  Ver el estadio con más de la mitad azul y otro tanto rojo, que sensación tan poderosa me invade, me coloco en pie  y me uno a ellos, los azules, los hinchas de millonarios  para entonar el himno de Bogotá. Mientras lo cantamos  las luces y la mezcla de los humos de colores azules y rojos, las enormes banderas extendidas que ondean con orgullo sus escudos al ritmo de este hermoso himno, llenan el estadio de un aire de inmensa gloria.  Luego lo esperado,  se escucha el pitazo inicial y comienza el partido.  Me incorporo de nuevo en mi silla y al ver lo que ocurre en la cancha regresan a mi mente los momentos  de ese primer partido, aquel que vi no por soledad o aburrimiento como antes, no nada de eso, lo vi por gusto, lo comprendí y disfrute de principio a fin, ese, el causante de que hoy me encuentre aquí, rodeada de todas estas personas que sienten y esperan lo mismo que yo del equipo en la cancha.
Todo comenzó aquel sábado en la tarde. Estando en casa recibí la llamada de aquel chico que desde hace meses me gusta y con el cual   tenemos muchas cosas en común, es muy divertido, me hace reír y pasar buenos momentos. Solo algo no compartíamos y adivinen  que era... Si eso, el futbol. Y esa tarde me hizo la invitación más rara de la vida ¿Tengo entradas para el clásico Millonarios Santa fe, te animas?, ¿Qué si me animo? Porque  ese juego, el  deporte que nunca entendí, que nunca  me llamo  la atención. NOOOOOO, mejor salir a caminar, ir a un hermosos centro comercial o a ver una película; pero que hacer  sí, su compañía es muy  agradable…Fue irremediable  decir que no. Así que me arregle para el encuentro. No fue fácil escoger que ponerme, nunca había estado en un estadio, así que algo sencillo, nada llamativo: un pantalón, un par de tenis  y una chaqueta  azul “por aquello de  no desentonar con el ambiente”.
No pensé que estar en un estadio fuera tan emocionante. Al ingresar te sientes como en otro mundo, el ambiente que se respira es de fiesta y de competencia y no solo en la chanca, también en las gradas  por las barras, ese gran número de jóvenes que armados de tambores, bombos y trompetas animan a sus equipos durante todo el encuentro, eso fue lo primero que me agrado del estadio. Luego comenzó el partido y al estar allí, con los jugadores en vivo y  en directo comencé  a comprender a  mi padre. Por primera vez observe con detenimiento un partido de futbol, me animé con cada jugada acertada y me sentí disgustada con cada fallo. Descubrí que también muchas mujeres disfrutan de los partidos y que cada uno de los hinchas, al igual que los jugadores dejan lo mejor de si en cada encuentro.  ¡Qué partidazo!, ¿Cuando regresamos? Aunque suene raro, fueron mis primeras palabras al salir del estadio ese sábado en la noche.
Y así fue como, poco apoco y sin darme cuenta ingrese al fascinante mundo de la hinchada, me convertí en una hincha de corazón, en una gallina, un seguidor más del cuadro embajador del famoso Club Deportivo Los Millonarios.
De nuevo heme aquí, con el corazón palpitando a mil, gritando cada cántico a todo pulmón, alentando al equipo, al que me enseño lo valioso que es este deporte mundial. No cambio por nada este momento, no quisiera estar en ningún otro lugar, pues aquí está mi vida, en este estadio con  mi equipo y mi adorada hinchada.

Autor, Sanchez Gina.

1 comentario:

  1. Wahu! Vamos pa'lante Nacional!! Es jugando. si, a las mujeres nos gusta el futbol, comparto tu emoción aunque no soy un hincha fiel, el relato me lleva allá al lugar del encuentro de uno de los deportes más concurridos por el público, no dudo que se disfruta, pero no tanto como que seas tu emocionándote por escribir.

    ResponderEliminar